El gran giro en la estrategia geopolítica global de Trump

La segunda visita de Estado de Trump al Reino Unido, en septiembre de 2025, fue un acontecimiento emblemático que marcó el giro oficial de la estrategia geopolítica global de Estados Unidos. Esta visita reunió a gigantes tecnológicos y financieros estadounidenses como Apple, OpenAI, Microsoft y Nvidia, y Palantir está a punto de firmar un importante contrato de defensa con el Reino Unido; esta serie de movimientos indica que la estrategia estadounidense hacia Europa ya ha completado su diseño estratégico. Muchos se centraron únicamente en las protestas callejeras que tuvieron lugar durante la visita, pasando por alto lo esencial: la verdadera variable es que la lógica subyacente de la estrategia de Trump hacia Europa ya ha cambiado.

La evolución estratégica: del doctrine Monroe a la Guerra Fría 2.0

En los primeros compases de su mandato, la estrategia geopolítica de Trump se inclinaba hacia la doctrine Monroe, con la intención de construir un «ciclo interno» a la manera estadounidense, lo que en un principio representaba una gran oportunidad para que China ampliara su influencia en Asia Oriental. Sin embargo, tras la triple caída de las acciones, el tipo de cambio y los bonos estadounidenses en abril de 2025, la estrategia del Gobierno de Trump sufrió un cambio radical. Tras sondear todas las regiones del mundo (América Central, América del Sur, Europa, Asia Central, Asia Meridional, Asia Sudoriental, Japón y Corea, y China), Trump optó finalmente por reforzar y modificar radicalmente la estrategia de Biden, en lugar de empezar de cero. El núcleo de la estrategia de Biden consiste en establecer un sistema geopolítico y económico centrado en Estados Unidos, Europa, Japón y Corea del Sur, con el fin de reducir el espacio vital de China y Rusia mediante el desgaste militar de Rusia y Europa y el acercamiento económico a esta última: en el plano militar, se destruye la confianza estratégica entre Rusia y Europa, agotando el poderío nacional de ambas partes; en el plano económico, tras el deterioro de las condiciones de vida en Europa, se la atrae con incentivos para que se incline por completo hacia Estados Unidos, formando una nueva alianza económica, al tiempo que se le venden armas y energía. Si esta estrategia tiene éxito, el siguiente paso será replicarla tal cual en la región de Asia Oriental. La nueva estrategia propuesta por Trump tras su visita al Reino Unido consiste en establecer una alianza económica entre Estados Unidos y Europa sobre la base de la alianza militar de la OTAN, lo que en esencia es el sistema de la Guerra Fría 2.0. Su vía de implementación coincide plenamente con la que siguió Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial para establecer el sistema de la Guerra Fría 1.0: primero desgastar a Europa y luego ganársela. Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos vinculó profundamente la economía europea a la estadounidense mediante el «trumanismo» y el «Plan Marshall», con el objetivo de poder sacrificar a Europa como primera línea de frente para desviar la atención en caso de crisis propia. La crisis de la deuda europea tras la crisis de las hipotecas subprime de 2008 y la subida inmediata de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal tras el conflicto entre Rusia y Ucrania de 2022 son manifestaciones directas de esta lógica.

Los retos estratégicos a los que se enfrenta China y las advertencias

El hecho de que Trump llamara por teléfono a los líderes chinos al día siguiente de su visita a Reino Unido responde, en esencia, a un intento de chantaje estratégico contra China tras haber obtenido sus bazas en Europa; se acerca el momento en que Estados Unidos y China se mostrarán sus cartas. La lógica estratégica central de Estados Unidos es no situarse nunca en primera línea, sino empujar a Europa, Japón y Corea del Sur al frente de la confrontación, mientras obtiene beneficios desde una segunda línea. Si se suavizan las relaciones entre Europa y Rusia y se crea la zona de libre comercio entre China, Japón y Corea del Sur, Estados Unidos perdería el punto de apoyo de sus conflictos externos, y cualquier conflicto se convertiría directamente en un conflicto interno estadounidense, un resultado que Estados Unidos no puede aceptar bajo ningún concepto. El modelo económico estadounidense depende en gran medida de la expansión exterior, y la expansión conlleva inevitablemente conflictos. Si Estados Unidos se situara en primera línea de los conflictos, volvería a caer en los mismos errores que cometió en la Guerra de Corea, la Guerra de Vietnam, la Guerra de Irak y la Guerra de Afganistán. Por lo tanto, la construcción de un sistema de contención por intermediarios con Europa, Japón y Corea del Sur como primera línea es el objetivo estratégico central de Estados Unidos en la etapa actual, y este giro merece que China se mantenga en alerta máxima.