Breve análisis de la guerra arancelaria de octubre de 2025: el conflicto aún no ha terminado, y el TACO ya no es relevante
La esencia de esta ronda de la guerra arancelaria: una defensa pasiva, no un ataque activo La amenaza arancelaria lanzada por Trump en octubre de 2025 fue, en esencia, una respuesta pasiva, no un ataque activo planeado desde hacía tiempo. Aunque es cierto que la imposición de tasas portuarias especiales a los buques chinos por parte del Gobierno de Trump constituía una medida proactiva, las medidas arancelarias de octubre fueron más bien una reacción impulsiva ante una situación de urgencia. Desde abril de 2025, Trump ha estado impulsando una estrategia geopolítica global de «cerco rural a la ciudad»: primero negociar tratados arancelarios con países periféricos como Japón, Corea del Sur y Europa, al tiempo que se ganaba el apoyo de los países situados a lo largo de la Ruta de la Seda; una vez acumuladas suficientes bazas en la periferia, se ejercería presión sobre China. Hasta octubre, sus movimientos se ajustaban básicamente a esta previsión. Trump proclama por todas partes que ha resuelto múltiples conflictos, como los de India y Pakistán, Oriente Medio, Rusia y Ucrania, Tailandia y Myanmar, e incluso aspira al Premio Nobel de la Paz; en esencia, pretende proyectar una imagen positiva de Estados Unidos, hacerse con la ventaja en la guerra de opinión y facilitar el acercamiento de más países para actuar conjuntamente contra China. En esta guerra arancelaria, se presenta a sí mismo como víctima, y es precisamente esta la lógica que utiliza. ...