La esencia de la guerra arancelaria: lo que Trump busca es el caos

En los últimos tiempos, la atención de los mercados mundiales hacia la guerra arancelaria no ha dejado de crecer. Un momento este país negocia con Estados Unidos, al siguiente es otro el que lo hace; cualquier noticia al respecto puede influir en la evolución de los mercados mundiales. Sin embargo, la mayoría de la gente no se da cuenta de que este estado de caos es precisamente el resultado que más desea Trump.

Cuanto más se preste atención a la guerra arancelaria, mayor será la importancia de los aranceles como moneda de cambio, y más fácil será que Trump nos lleve por donde quiera. De hecho, ya antes de la victoria electoral de Trump el año pasado, esta lógica era muy clara: en cuanto Trump llegara al poder, utilizaría sin duda los aranceles como moneda de cambio fundamental para negociar intereses a nivel mundial. Los aranceles son siempre un medio, nunca un fin.

Si no se llega a un acuerdo, Trump seguirá imponiendo aranceles; al fin y al cabo, estos aumentan directamente los ingresos fiscales del Gobierno estadounidense y alivian la presión de la deuda. Si se llega a un acuerdo, Trump puede utilizar los aranceles como amenaza para obligar a otros países a cooperar con la política de devaluación del dólar y diluir la deuda pública estadounidense. Además, los aranceles también pueden utilizarse para obligar a otros países a comprar grandes cantidades de productos estadounidenses y bonos del Tesoro.

Nvidia: otra baza clave en las negociaciones

Incluso sin una guerra arancelaria, Trump dispone de otras bazas. Por ejemplo, las tarjetas gráficas de Nvidia. El 8 de mayo se supo que Trump tenía la intención de modificar las normas de restricción a la exportación de Nvidia establecidas durante el mandato de Biden, sustituyéndolas por un conjunto de normas completamente nuevas. El objetivo de enviar esta señal es muy sencillo: aumentar su poder de negociación en las próximas conversaciones.

No es difícil adivinar la lógica central de las nuevas normas: Trump utilizará los permisos de exportación de las tarjetas gráficas de Nvidia para obligar a otros países a comprar suficientes «bonos de expiación», es decir, bonos del Tesoro estadounidense o productos denominados en dólares, como aviones, armamento o alimentos. Estos grandes contratos oficiales exigen obligatoriamente el pago en dólares, lo que se ajusta perfectamente a los intereses de Estados Unidos. Además de Oriente Medio, es posible que otros países se vean obligados a comprar energía producida en Estados Unidos.

Trump tiene previsto visitar Oriente Medio próximamente, y uno de los objetivos principales es vender tarjetas gráficas de Nvidia. Si los países de Oriente Medio quieren adquirir estas tarjetas, es muy probable que deban cumplir varias condiciones: comprar bonos del Tesoro estadounidense y productos estadounidenses (armamento, aviones, alimentos), al tiempo que aumentan la producción de petróleo para colaborar con el objetivo de Trump de reducir los precios del crudo. Sin embargo, aunque el mercado internacional del crudo ha recibido muchas noticias negativas, los precios no han bajado, por lo que aún está por ver si el plan petrolero de Trump se materializará.

Además, es muy probable que Trump solo venda las tarjetas de NVIDIA a países con grandes reservas de divisas en dólares, ya que solo estos tienen la capacidad de adquirir grandes cantidades de bonos del Tesoro estadounidense. Los países con escasas reservas de divisas no tienen, sencillamente, la condición necesaria para ser objeto de las negociaciones de NVIDIA. En la actualidad, los únicos que realmente tienen la capacidad de adquirir grandes cantidades de tarjetas gráficas de NVIDIA son los propios Estados Unidos, Japón, Corea del Sur, China, algunos países ricos de Oriente Medio y del Sudeste Asiático. Los demás países o bien carecen de demanda, o bien carecen de personal técnico; aunque consiguieran las tarjetas gráficas, no podrían fabricar productos rentables; o bien carecen de datos de alta calidad suficientes, ya que no cuentan con gigantes locales de Internet capaces de obtenerlos, por lo que están condenados a quedarse fuera de la partida. Incluso si consiguieran un número suficiente de tarjetas gráficas, acabarían reduciéndose a ser meros intermediarios que las revenden.

Arancel del 10 %: una línea roja política inquebrantable

Aunque durante el último tiempo el mercado ya se había preparado mentalmente para una guerra arancelaria, al enfrentarse realmente a ella, muchos han perdido la calma. En momentos como este es aún más importante mantener la cordura, no dejarse llevar por el ritmo de Trump y no permitir que esto afecte a las decisiones a largo plazo.

De hecho, independientemente de cómo se negocie, el arancel recíproco del 10 % aplicado globalmente no se va a eliminar. El 10 % es solo la parte adicional; la tasa impositiva combinada es aún más alta. Ni el Reino Unido, con el que se mantienen buenas relaciones, ni China, su competidor, pueden escapar de este arancel del 10 %. Este arancel adicional del 10 % es la línea roja política de Trump. Si se eliminara esta parte de los aranceles, no solo se debilitaría la base electoral republicana, sino que también se reducirían directamente los ingresos fiscales del Gobierno estadounidense. Por lo tanto, no hay que hacerse ilusiones sobre la eliminación del arancel del 10 %.

Teniendo en cuenta que Trump tiene previsto aplicar un plan de recortes fiscales a gran escala en el futuro, los ingresos por aranceles serán cada vez más importantes para su Gobierno. No se descarta que, en el futuro, el 10 % de los aranceles de Trump y Gada se convierta en un 15 %, o incluso en un 20 %. Esto encaja perfectamente con la estrategia de negociación habitual de Trump: plantear primero un objetivo inalcanzable para obligar a todos a ceder, y luego, como en el cuento de la rana en el agua hirviendo, subir los aranceles poco a poco.

Repercusiones para China: la ventaja de la competencia leal

Para China, que se apliquen los mismos aranceles a todos los países no es, en realidad, algo totalmente negativo. Siempre que todos partan de una línea de salida equitativa, la competitividad de los productos chinos seguirá existiendo.