Enfoque y antecedentes del proyecto de ley
El 5 de julio de 2025, el proyecto de ley de recortes fiscales «Make America Great Again», presentado por la Administración Trump, entró oficialmente en vigor. A diferencia de lo que reflejan la mayoría de los medios de comunicación, no se trata de un simple ajuste de la política fiscal, sino del intento de transformación social más disruptivo en Estados Unidos desde el fin de la Guerra Fría. Su objetivo principal es revertir por completo el modelo de desarrollo de «gran gobierno + pequeñas empresas» que se ha mantenido durante medio siglo, para pasar a un nuevo marco de «pequeño gobierno + grandes empresas», trasladando el motor de la economía estadounidense del gobierno federal al sector empresarial y a los hogares.
Aún está por ver si la transformación tendrá éxito, pero la lógica subyacente al diseño de la política ya se ha puesto de manifiesto con claridad. En este artículo se desglosa el contenido central de la ley y su impacto a largo plazo en la sociedad estadounidense desde dos perspectivas: la política y la cuantificación. Todos los datos cuantitativos proceden de la Oficina Presupuestaria del Congreso de los Estados Unidos, de carácter no partidista, lo que garantiza en la medida de lo posible la objetividad del análisis.
Análisis desde la perspectiva política
El diseño de las políticas del proyecto de ley se puede dividir claramente en dos categorías: medidas para reducir el déficit público y medidas para aumentarlo, aunque ambas apuntan al mismo objetivo de transformación.
Medidas para reducir el déficit
En primer lugar, se trata de recortes a gran escala en el sistema de la Seguridad Social. Según las estimaciones de la Oficina Presupuestaria del Congreso, 11,8 millones de estadounidenses perderán su cobertura sanitaria en los próximos diez años. El sector sanitario es un bastión tradicional del Partido Demócrata, por lo que esta política no solo supone un golpe directo a la base política demócrata, sino que representa un giro fundamental en el sistema de bienestar social.
Cabe destacar que la estrategia del gobierno de Biden de absorber a los grupos de bajos ingresos mediante la ampliación de la contratación pública no ha sido descartada por el equipo de Trump, sino que, por el contrario, se ha mantenido. Aunque Trump y Bessent critican constantemente en público la manipulación de datos por parte de Biden y Yellen, esta técnica, capaz de embellecer rápidamente las cifras de empleo, sigue siendo muy apreciada en la práctica.
En segundo lugar, la eliminación total de las desgravaciones fiscales y las subvenciones en el sector de las energías limpias supone un golpe directo a la agenda de transición energética impulsada por los demócratas.
En tercer lugar, el aumento del impuesto sobre las donaciones, que en apariencia pretende combatir la práctica de los ricos de obtener plazas en universidades de prestigio a través de donaciones, pero cuyo efecto real es muy limitado. Debido a la considerable flexibilización de los umbrales de exención del impuesto sobre sucesiones y del impuesto sobre la renta, la carga fiscal global de la clase adinerada se ha reducido de manera significativa; el aumento del impuesto sobre las donaciones se asemeja más a un «peaje» que el Gobierno de Trump cobra en el proceso de transferencia de riqueza.
En cuarto lugar, la drástica reducción de las ayudas en especie. Los adultos menores de 65 años deben presentar un certificado de empleo para poder recibir subsidios alimentarios, lo que reduce aún más la cobertura de las prestaciones sociales.
Por último, está la nueva comisión sobre las remesas internacionales: los inmigrantes deben pagar un coste adicional por enviar dinero a sus países de origen, lo que, en esencia, supone una carga fiscal específica para la comunidad inmigrante.
Partidas que aumentan el déficit
Las partidas que aumentan el déficit también tienen una orientación clara:
- Aumento considerable de la asignación especial para la lucha contra la inmigración ilegal
- Aumento significativo del presupuesto de defensa
- Medidas de desgravación fiscal tanto temporales como permanentes
Las desgravaciones fiscales temporales incluyen ventajas fiscales para los ingresos por propinas, las horas extras y los préstamos para la compra de vehículos, así como exenciones fiscales parciales para los gobiernos estatales y locales.
Las desgravaciones fiscales permanentes constituyen el núcleo de la política:
- Se han introducido ventajas fiscales sin precedentes para la inversión empresarial en equipamiento y en investigación y desarrollo
- Se ha incrementado considerablemente la deducción por ingresos personales, lo que ha reducido significativamente la carga fiscal de los grupos de altos ingresos
- El sector del capital riesgo ha obtenido ventajas fiscales específicas
- El sector tradicional de las energías fósiles recibe apoyo mediante desgravaciones fiscales específicas
Este conjunto de políticas muestra claramente la lógica de gobierno de la Administración Trump: mediante la reducción de las prestaciones sociales y el gasto público, se transfieren recursos al sector empresarial y a los grupos de altos ingresos, con el fin último de lograr un traspaso del apalancamiento económico del gobierno al mercado. En combinación con el Plan de Pensilvania, ha ido surgiendo gradualmente una estrategia de gestión de la deuda basada en «convertir la deuda externa en interna, la deuda a largo plazo en corto plazo y utilizar la devaluación para reducir la deuda». La reciente flexibilización de los coeficientes de apalancamiento de los bancos comerciales estadounidenses y la promoción de las monedas estables tienen, en esencia, el objetivo de facilitar la transferencia del apalancamiento hacia el sector empresarial y el sector de los hogares.
Muchos describen esta orientación política como el inicio de la «era cyberpunk»: la coexistencia de la alta tecnología y un bajo nivel de vida, el dominio social del capital monopolístico, y el hecho de que la gente común solo tenga, en última instancia, dos opciones: convertirse en un «perro de empresa» dependiente de las grandes corporaciones o quedar excluida del sistema social dominante. Aunque esta descripción es exagerada, capta con certeza la orientación central de la política.
Impacto cuantitativo y tendencias futuras
La Oficina Presupuestaria del Congreso de los Estados Unidos ha realizado un cálculo detallado del impacto fiscal para la década comprendida entre 2025 y 2034, desglosándolo por sectores. En términos generales, la aplicación de la ley aumentará considerablemente la presión fiscal sobre el Gobierno federal. Tras haber agotado rápidamente el margen fiscal disponible durante la primera parte de su mandato, la Administración Trump se enfrentará de nuevo a una situación de insuficiencia del techo de deuda, lo que dará lugar a una nueva ronda de negociaciones sobre dicho límite.
Esta estrategia es idéntica a la del Gobierno de Biden: al final de su mandato, Biden agotó prácticamente todo el margen de endeudamiento disponible, dejando al Gobierno de Trump un lío con un margen de endeudamiento extremadamente ajustado para el primer semestre de 2025. Ahora, Trump está utilizando el mismo método para trasladar la presión fiscal al próximo Gobierno.
Desde una perspectiva más macroeconómica, esta ley de recortes fiscales supone una gran apuesta por el modelo económico estadounidense. Si tiene éxito, podría activar el dinamismo innovador del sector empresarial y remodelar la competitividad industrial de Estados Unidos; si fracasa, ampliará aún más la brecha entre ricos y pobres, agravará la división social e incluso podría socavar el estatus del dólar como moneda de reserva mundial. El impacto a largo plazo de la ley se irá manifestando gradualmente en los próximos tres a cinco años, por lo que merece la pena seguirlo de cerca.