El marco central del programa económico de Trump
Desde el inicio de su campaña, la política económica de Trump se ha centrado en tres elementos fundamentales: la política fiscal, la gestión de la deuda pública y la regulación de los tipos de interés. El objetivo final de estos tres elementos es muy similar: revertir la situación de doble déficit comercial y fiscal que ha afectado a Estados Unidos durante mucho tiempo. De ellos, la reforma de los aranceles y del impuesto sobre la renta apunta directamente al problema del déficit comercial, mientras que la combinación de políticas de deuda pública y tipos de interés intenta aliviar la presión del déficit fiscal. Los tres se influyen mutuamente y se condicionan entre sí, constituyendo un sistema de políticas relativamente completo, aunque con contradicciones internas.
La lógica concreta de los tres pilares de la política
Política fiscal y arancelaria
El ajuste de la política fiscal de Trump abarca dos niveles: por un lado, la reducción de los impuestos sobre la renta a nivel nacional, con el fin de reducir los costes operativos de las empresas e intentar atraer el retorno de la industria manufacturera a Estados Unidos; por otro, las barreras arancelarias impuestas a los principales socios comerciales, con el objetivo de reducir el déficit comercial mediante el aumento del coste de los productos importados. La hipótesis central de esta combinación de políticas es que los aranceles pueden proteger la industria nacional estadounidense, mientras que las desgravaciones fiscales pueden aumentar la disposición de las empresas a invertir, logrando finalmente el equilibrio de la balanza comercial.
Sin embargo, esta lógica adolece de una evidente contradicción interna: los aranceles elevan el coste de las materias primas y los productos intermedios importados, lo que, por el contrario, debilita la competitividad internacional de la industria manufacturera estadounidense; por su parte, las reducciones fiscales a gran escala agravan directamente la presión sobre el déficit fiscal, lo que obliga a emitir más bonos del Estado para cubrir el desequilibrio entre ingresos y gastos, lo que a su vez eleva los tipos de interés y, a su vez, frena la inversión interna.
Estrategia de emisión de bonos del Estado
Tras la pandemia, el saldo de la Cuenta del Tesoro de Estados Unidos (TGA) experimentó dos puntos de inflexión clave: el primero se produjo a principios de 2022, cuando el agotamiento de los fondos fiscales obligó al Gobierno estadounidense a emitir deuda a gran escala. Ante la insuficiente demanda exterior de bonos del Estado a largo plazo, el Tesoro optó por emitir una gran cantidad de bonos del Estado a corto plazo, suscritos principalmente por instituciones financieras nacionales e inversores particulares.
El efecto a corto plazo de esta estrategia fue aliviar la presión fiscal, pero a largo plazo aumentó el riesgo de refinanciación de la deuda. Los bonos del Estado a corto plazo tienen un vencimiento medio reducido, por lo que las fluctuaciones de los tipos de interés tienen un mayor impacto en el coste de la amortización; si los tipos suben en el futuro, los gastos por intereses del Gobierno de EE. UU. se dispararán rápidamente, lo que agravará aún más la carga fiscal.
Orientación de la política de tipos de interés
El ciclo de subidas rápidas de los tipos de interés iniciado en 2022 atrajo una gran cantidad de capital extranjero hacia EE. UU., lo que impulsó al alza el índice del dólar y, al mismo tiempo, generó una demanda de compra suficiente para los bonos del Estado estadounidenses. Sin embargo, los altos tipos de interés también ejercen una presión sobre la economía nacional: el mercado inmobiliario se enfría, los costes de financiación de las empresas aumentan y el impulso del crecimiento económico se debilita.
La lógica de la política de tipos de interés del equipo de Trump consiste en atraer el retorno de capital global mediante tipos de interés elevados, con el fin de financiar los bonos del Tesoro estadounidense y la inversión nacional, al tiempo que se aprovecha la fortaleza del dólar para reducir los costes de importación y compensar en parte la presión al alza sobre los precios derivada de los aranceles. No obstante, la sostenibilidad de esta estrategia es cuestionable, ya que los altos tipos de interés acabarán por minar el propio impulso de crecimiento de la economía estadounidense.
Contradicciones internas del sistema de políticas y repercusiones externas
Existe una tensión evidente entre los tres pilares de la política: la reducción de impuestos y la ampliación del gasto público requieren la emisión de más bonos del Estado, mientras que el aumento de la oferta de bonos eleva los tipos de interés; a su vez, los altos tipos de interés incrementan el coste de la deuda y frenan la inversión interna, lo que a su vez exige nuevas rebajas fiscales para estimular la economía, creando así un círculo vicioso.
Desde una perspectiva global, la política económica de Trump tiene fuertes efectos de contagio. Los altos tipos de interés atraen el retorno de capitales globales a Estados Unidos, lo que provoca que los mercados emergentes se enfrenten a presiones de salida de capitales y depreciación monetaria; la política arancelaria perturba la estructura de las cadenas de suministro globales y eleva los niveles de inflación mundial; por su parte, el ciclo de fortaleza del dólar agravará el riesgo de deuda global, ejerciendo una presión significativa especialmente sobre los países en desarrollo que mantienen una gran cantidad de deuda denominada en dólares.
Puntos clave a observar de cara al futuro
El éxito de la aplicación del programa económico de Trump depende de varias variables clave: en primer lugar, la capacidad de absorción del mercado de deuda pública, especialmente si los inversores extranjeros seguirán aumentando sus carteras de bonos del Tesoro estadounidense; en segundo lugar, el ritmo de ajuste de la política de tipos de interés y si se logrará encontrar un equilibrio entre la contención de la inflación y el apoyo al crecimiento económico; y, en tercer lugar, las medidas de represalia de los principales socios comerciales y si estas desencadenarán una guerra comercial a escala mundial.
A corto plazo, este conjunto de políticas podría aliviar la presión del doble déficit de Estados Unidos, pero a largo plazo no resolverá de forma fundamental los problemas estructurales de la economía estadounidense, sino que podría agravar los factores de inestabilidad de la economía mundial. Por su parte, las demás economías deben prepararse con antelación y contar con reservas de políticas para hacer frente a posibles perturbaciones externas.