Criterios para evaluar la situación en Oriente Medio: análisis de la naturaleza del ataque a las instalaciones nucleares iraníes
En la actualidad no hay pruebas fiables que demuestren que Estados Unidos haya destruido por completo las instalaciones nucleares iraníes. El criterio para determinar si el ataque ha tenido éxito es muy sencillo: mientras Estados Unidos siga dispuesto a negociar con Irán, eso significa que las instalaciones nucleares no han sido destruidas. Pensándolo al revés, los científicos nucleares iraníes ya han sido prácticamente eliminados por Israel; si además se destruyeran las instalaciones nucleares, Estados Unidos no tendría ningún motivo para seguir negociando.
El aspecto técnico también lo aclara. Para destruir unas instalaciones nucleares subterráneas a noventa metros de profundidad, se necesitarían dos bombas penetrantes que impactaran en el mismo lugar y con el mismo ángulo, a fin de abrir un pasaje en el búnker y detonar el objetivo interior. Ahora, Estados Unidos ha anunciado unilateralmente el éxito sin siquiera haber realizado pruebas de detección de fugas nucleares; en esencia, se trata de un espectáculo político de Trump, siguiendo la misma táctica que con los hutíes: un alto el fuego también es una victoria, de cualquier modo se sale ganando.
Lo más interesante es que es muy probable que Irán ya haya trasladado los equipos clave de las instalaciones nucleares, como si Estados Unidos hubiera notificado con antelación la hora y el lugar del ataque, Irán hubiera colaborado en el traslado y, al final, las tres partes anunciaran que han ganado; todo ello no es más que una actuación concertada. Israel se ha desquitado, Irán no ha sufrido pérdidas y Trump ha conseguido material para su campaña electoral; todos están satisfechos. Ahora todo depende de la decisión de Irán: si coopera y retrasa su programa nuclear, el asunto quedará zanjado; si, por el contrario, afirma que las instalaciones nucleares están intactas, Trump se verá en una situación comprometida y es muy probable que lance un ataque a mayor escala.
Análisis de la reunión de junio de la Reserva Federal: aparecen señales de estanflación y las expectativas de bajada de tipos se enfrentan a incertidumbres
Esta reunión de la Reserva Federal ha cumplido básicamente con las expectativas; el mapa de puntos se muestra en general neutral, pero el discurso de Powell ha sido más bien halcón, con dos recortes de tipos previstos para todo el año. Los próximos datos económicos serán cruciales: si la inflación repunta, los dos recortes podrían reducirse a uno. Esta es también la razón por la que debemos estar atentos a la situación en Oriente Medio: si Trump realmente lleva a cabo una acción de gran envergadura en la región, el precio del petróleo subirá, la inflación se disparará y no habrá que pensar en recortes de tipos.
A juzgar por los datos oficiales del FOMC, los indicios de estanflación ya son evidentes:
- Las previsiones del PIB han bajado del 1,7 % al 1,4 %, lo que supone una desaceleración del crecimiento económico.
- Las previsiones de la tasa de desempleo han subido del 4,4 % al 4,5 %, lo que indica que el mercado laboral está empezando a enfriarse.
- Las previsiones de inflación del PCE han subido del 2,7 % al 3,0 %, lo que significa que las presiones inflacionistas siguen aumentando.
El último gráfico de puntos muestra que las divergencias internas en la Reserva Federal se han acentuado notablemente; si bien en la última reunión las opiniones estaban relativamente alineadas, en esta ocasión se ha producido una polarización. En estas circunstancias, la Reserva Federal no modificará su política a la ligera; habrá que esperar al menos tres meses, y lo más pronto que una de las facciones ceda por completo será en septiembre. Si la inflación sigue subiendo durante los próximos tres meses, los «palomas» tendrán que aceptar menos recortes de tipos; si la inflación continúa bajando, los «halcones» tendrán que abandonar su postura dura.